El mundo de la cata II

LA VISTA : Al observar el vino en la copa, si se muestra muy fluido, luminoso, brillante y con una ligera espuma al agitarlo, es una señal de su juventud y por lo tanto tendrá más acidez.

Por el contrario, si se muestra más denso, espeso y con lágrimas en la pared de la copa, es indicio de su mayor edad, y por tanto mayor graduación alcohólica.

En los vinos tintos, al inclinar la copa si se ve un borde granate o violáceo , se debe a la juventud del vino. Si el borde es más claro, parecido al color teja, es señal de vejez.

EL OLFATO : Al oler el vino en la copa, los aromas primarios propios de la variedad de uva, se revelan con recuerdos a frutas y flores, son aromas ligeros que se volatilizan rápidamente.

Al remover suavemente la copa, nos aparecen otros aromas como, bosque, levaduras, hojarasca, madera, que son más densos y están en el fondo de la copa, también nos aparecen, tostados, vainilla, café avellana, en el caso de vinos viejos.

EL GUSTO : Al saborear el vino en la boca, la primera sensación es de sabrosidad, producida por la equilibrada combinación dulce (alcohol), ácida (ácido tartárico) y amarga ( taninos). Los vinos jóvenes entran con multitud de sabores, fundamentalmente primarios, pero desaparecen antes que los de los vinos viejos, más duraderos, sutiles y con más matices, debido fundamentalmente a su crianza, dejando una mayor persistencia en boca.

Después de la entrada en boca, debido al aumento de temperatura en la cavidad bucal, el vino libera ciertos aromas y se aprecian sus propiedades táctiles, acidez, dulzor, taninos, a la vez que disminuyen sus aromas primarios. Si aspiramos un poco de aire y agitamos el vino dentro de la boca, evaporaremos nuevas moléculas que se introducen en las fosas nasales en sentido contrario ( efecto retronasal ), debido a la oxidación por la entrada del aire y dando la sensación de redondeo de los taninos. El volumen que se aprecia es debido a la glicerina, que será más rica cuanto mayor sea el grado alcohólico del vino.